SAN JOSÉ
«Al despertar de su sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado». (Mt 1, 24)
Todos sabemos quién fue José, ese humilde carpintero de un pueblo pequeño, esposo de María, la madre de Jesús. Pero no sabemos nada más de José porque no se recoge ninguna palabra de él en todo el Evangelio. Quizá esta lección silenciosa de san José pueda enseñarnos hoy mucho. Resulta que a nosotros se nos va todo por la boca. Hablamos más de lo que pensamos y decimos más de lo que sentimos. Vivimos inmersos en el mundo de la palabra, la imagen y el sonido, y no hay manera de callar y meditar. Oímos pero no escuchamos, leemos pero no pensamos; decimos pero no dialogamos. Las imágenes y las palabras se suceden rápidamente y siempre estamos vacíos, insatisfechos. Vemos a gente caminar con auriculares puestos, y no miran lo que pasa a su alrededor.a: Compostela, Mediterránea
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San José habló más con gestos que con palabras. Habló con su humildad rehuyendo protagonismo, habló con su obediencia aceptando lo que Dios le pedía; habló con su trabajo hecho de esfuerzo y de entrega; habló con su responsabilidad dedicándose enteramente a la tarea protectora que le habían encomendado.
– ¿Qué actitudes aprecias más en san José?
– ¿Qué personas nos llaman más la atención: las que hablan con palabras o las que lo hacen con gestos? ¿Por qué?